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La conservación de un alimento procesado requiere de la incorporación de ingredientes que ayuden en ese proceso, así como el uso de técnicas y maquinarias que lo faciliten.

Así es como cada día se desarrollan más productos conservantes que no alteran las características típicas de un alimento, tales como su sabor, aroma y aspecto, y de técnicas y maquinarias que permitan ampliar su duración sin provocar cambios relevantes en su calidad, tales como refrigeración, liofilización, secado, deshidratación, entre otras, además de permitir su traslado de manera adecuada.